En 1996 su voz fue declarada Bien de Interés Cultural por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.

Imagen de Pastora Pavón muy joven
En su familia se respiraba el arte. Arturo y Tomás, sus hermanos, siempre tuvieron un gran influjo en el arte de Pastora Pavón (Sevilla, 1890-1969 ), más conocida como ” La niña de los Peines”. De su voz se escapaban los metales como “espas” que atravesaban el corazón. Fue innovadora, llevando los cantes de otras tierras al abrigo flamenco de su voz. Un duende recorría su garganta. Un texto de Lorca así lo testimonia. En cierta ocasión, tras cantar con una técnica exquisita y refinada ante el público de cierto café cantante, se hizo un silencio… …”entonces alguien gritó !Viva París!. La Niña de los Peines se levantó como una loca, tronchada igual que una llorona medieval, y se bebió de un trago un vaso de cazalla como fuego, y se sentó a cantar sin voz, sin aliento, sin matices, con la garganta abrasada, pero… con duende. Había logrado matar todo el andamiaje de la canción para dejar paso a un duende furioso y abrasador, amigo de los vientos cargados de arena, que hacía que los oyentes se rasgaran los trajes casi con el mismo ritmo con que se los rompen los negros antillanos del rito lucumí, apelotonados ante la imagen de Santa Bárbara. La Niña de los Peines tuvo que desgarrar su voz porque sabía que la estaba oyendo gente exquisita que no pedía formas, sino tuétanos de formas, música pura con el cuerpo sucinto para poderse mantener en el aire. Se tuvo que empobrecer de facultades y de seguridades; es decir, tuvo que alejar a su musa y quedarse desamparada, que su duende viniera y se dignara luchar a brazo partido. ¡Y cómo cantó! Su voz ya no jugaba, su voz era un chorro de sangre digna por su dolor y su sinceridad, y se abría como una mano de diez dedos por los pies clavados, pero llenos de borrasca, de un Cristo de Juan de Juni“.
Etiquetas: Flamenco, La Niña de los Peines
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Rafael.